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miércoles, 22 de diciembre de 2010

Mili y sus salvadores

Los héroes más grandes del mundo viven en Mendoza 
  por Ulises Naranjo
Mzdonline, 21 de octubre de 2010


Cuáles son las historias más hermosas que recordamos? Sin dudas, esas en las que alguien asumió para sí un dolor ajeno. Esta es una de ellas, hermosa y desgarradora. Dos humildes chicos de Godoy Cruz deciden adjudicarse para sí el curso malherido de una vida. Una anécdota que prueba que el mundo, aún, no está definitivamente condenado al precipicio. 
Jacquelina, Cristian y Mili, la perrita del milagro

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Ya lo sabemos: vivir no es fácil para nadie y la desnudez es imposible. Por eso, nos educamos, aceptamos filiaciones y amistades, leemos libros y memorizamos refranes: porque necesitamos corroborar al instante que aquello que nos ocurre ya ha sido padecido o disfrutado por otros. Por eso, asumir el padecimiento de otro ser y hacerlo propio, si lo miramos a escala, es como salvar el mundo y salvarse uno mismo en tal ilusorio intento.

La que sigue es la historia de Mili y también de Jaqui González y Cristian Olivera, dos humildes chicos de Godoy Cruz, que asumieron para sí un tremendísimo dolor ajeno y ahora lo exhiben como un talismán contra lo imposible.

Los hombros de los hombres
Mili tiene un año: poco tiempo aún para una vida de perros. Recibe su nombre, lo habrán oído ustedes en los templos, de esos aconteceres que la gente suele acreditar a cuenta de los milagros, como si, en realidad, sobrevivir fuese un suceso extraordinario. Y sabemos que no es así; no obstante, la perra se llama Mili y responde a tal designación, moviendo la colita, cuando no las patas traseras, pues las delanteras están rígidas como bayonetas en un desfile.

Hace unos días nada más, agonizaba en el lecho del zanjón Maure –en Carola Lorenzini y Corredor del Oeste–, con sus dos miembros delanteros quebrados. Sus débiles quejidos, no lo fueron tanto: el destino quiso que Jaqui y Cristian pasaran por allí para demostrar una teoría: el héroe no nace, sino que se hace, de un instante al otro, cuando decide serlo.

La pareja de chicos arrojó desde arriba comida a Mili y entonces comprobó que el animalito, vaya uno a saber cómo, había sido seriamente lesionado, hacía ya una semana, por lo menos. Los exámenes comprobarían que no se trató de la caída, sino del golpe con un objeto contundente –como un palo o un paragolpe– a la misma altura de sus desgraciadas patitas.

Los chicos, entonces, comenzaron a ganar estatura de titanes:

- Ella intentó con todas sus fuerzas acercarse a la comida y ahí vimos que tenía sus dos miembros delanteros quebrados. Tenía sus antebrazos deformados, y caminaba sobre sus patas traseras.

- Esa escena nos conmovió de tal manera que quisimos hacer algo por ella.

Los Bomberos Voluntarios de Godoy Cruz la sacaron del zanjón. Ya con la perrita, comenzó para los chicos la aventura de salvar su vida. Repitamos que lejos están de tener una situación económica aliviada. Sin embargo, arrancaron desparasitándola interna y externamente. Les dijeron que lo mejor era sacrificarla y eso que les dijeron no les gustó. Después, buscaron ayuda para la curación (costosa) de fondo. Entonces aparecieron algunas manos mágicas tendidas para ellos.


- Nosotros no la queríamos adoptar, pero cuando vimos cómo venía de difícil la mano con ella, decimos que sería nuestra.

Hay una clave en la épica: realmente ningún héroe logra sus hazañas en soledad.
Los héroes – valga la paradoja– siempre contemplan sus triunfos montados sobre los hombros de los hombres simples.
Jaqui estudia y no tiene trabajo y Cristian hace changas y espera conseguir un trabajo estable. Mili los mira y resulta que ha decidido vivir. Los héroes nos necesitan y es nuestro deber ayudarlos.

¿Será posible ayudarlos?


Dos antebrazos quebrados; uno de ellos con fractura expuesta, provocada, en parte, por los intentos de Mili de moverse, de andar a pesar de todo. Mili y sus dueños recibieron un primer apoyo de Bomberos de Godoy Cruz y de la Sociedad Mendocina Protectora de Animales, en los nombres de María Teresa D’Amico y Milena Rodas.

También su sumaron los veterinarios de la Unidad Práctica Veterinaria de la Universidad Maza: María Laura Martí, Federico Correa, Miguel Susse, Federico Liciardo, Andrés Diblasi, Pablo Lombardich y Daniel Flores.

Mili acaba de ser operada por ellos; es más, todavía está sedada. Ha salido bien, dicen los galenos: una pata se recuperará pronto; la otra, bueno, la otra será más complicado, porque vivir no es fácil para nadie. Tampoco para Jaqui y Cristian, que se tienen que gastar 30 pesos cada vez que la trasladan y, en verdad, los chicos no tienen un mango.

¿Será posible que les demos una mano? Necesitan plata para los transportes, porque hay que seguir llevándola para otros estudios; necesitan insumos para sus curaciones y comida para perros (“encima, es delicada, tiene que comer alimento comprado”); necesita también una cucha, (“como está, no puede subirse al sillón”). Los números de los chicos: 0261-156221890, 4220116 y 4285818.

- Después de que entendimos toda su historia y al verla todos los días como lucha por jugar y caminar y seguirnos adonde vayamos, decidimos adoptarla. Nos ve y llora de alegría. Se para en sus patas traseras y asé se acerca a nosotros e intenta jugar. Queremos darle a Mili todo el amor que en algún momento se le negó.

El mundo es una mierda, pero estos dos humildes pibes de Godoy Cruz consiguen que luzca hermoso. Ellos dos y Mili, claro, moviendo la colita como una bataclana de Dios.

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